Muchas salas de escape diseñadas en Occidente tratan las culturas extranjeras como decorados de parques temáticos: pirámides = Egipto, dragones = China, sombreros = México. Este «estereotipo de las salas de escape» puede funcionar para los turistas en París u Orlando, pero en el ámbito local resulta contraproducente.
En El Cairo, el antiguo Egipto se enseña en las escuelas, se debate entre los historiadores y se entrelaza con la identidad cotidiana. Reducirlo a búsquedas del tesoro y faraones malditos resulta simplista, incluso colonialista. Los lugareños anhelan historias que hablen de su realidad vivida:
- Un thriller de espionaje ambientado en la Alejandría de los años 60, durante la Guerra Fría.
- Una aventura para resolver acertijos a través del bullicioso zoco de Khan el-Khalili.
- Un misterio familiar en un apartamento de El Cairo durante el Eid.
Estos conceptos resuenan porque son específicos, contemporáneos y humanos, no extraídos de un archivo de Hollywood.